La culpa, la soledad y el daño, entre otros muchos, son los sentimientos que continuamente vamos absorbiendo en la lectura de Ataduras. Ya el título dice tanto como se espera de su interior y vaya si cumple las expectativas. Comienzo recomendándolo después de una lectura intensa y continua. Diría que incluso breve, tanta brusquedad no es buena dilatarla en el tiempo porque sí que es brusca, de una agresividad contenida y latente. La historia puede ser tan real como cualquier relación tóxica y de traiciones varias que hayamos podido vivir cualquiera. Eso sí, dilatada a lo largo de toda una vida con una disección de cirujano que nos hace caer en un pozo de angustia, pensando que aquello que fue hubiese sido siempre por decisión propia. Vellos de punta y tripas revueltas, eso consigue la novela del italiano Domenico Starnone, una obra que merece la pena conocer.

Lo primero es la original forma de narrar la vida de Vanda y Aldo. Escrita a tres voces en tres partes distintas con las perspectivas de cada una. El primer libro (como lo llama el autor) es la mujer, Vanda la que da luz a lo que está pasando en esta familia. Recoge las cartas que ésta le mandó a su marido, Aldo, justo cuando él la abandona por otra mujer y se desentiende de toda obligación conyugal y parental. Cartas llenas de angustia, rabia, reproches y miedos. Y poco me parece dada la manera de afrontar Aldo los cambios. En el segundo libro es el marido el que da voz a la situación, pero con un comienzo que me ha parecido precioso: han pasado como unos cuarenta años desde ese punto de inflexión en sus vidas, son ancianos, siguen juntos por lo que se ve y se van de vacaciones. Muchas cosas han debido de pasar en esos años y la mayor intriga es cómo se solucionaron esos años de separación, pues desde la voz de Aldo y el incidente que ocurre a la vuelta de vacaciones se irá desgranando desde el interior de él lo ocurrido en esos años y los que vinieron después, los hijos, la convivencia y los sentimientos que lo han acompañado durante décadas. El tercer y último libro (también el más corto pero que desenlaza el incidente) lo narra la hija pequeña del matrimonio. Con un punto de vista devastador de la historia y de su propia experiencia intenta compinchar al hermano para hacer algo no del todo ético y que implica a sus padres, de alguna manera para hacerles pagar la infelicidad que ha reinado en esa casa desde casi siempre.
En cada una de sus partes, la amargura y la venganza son las protagonistas. Las emociones positivas sólo aparecen cuando Aldo se abre en canal relantando la felicidad y plenitud que siente con la mujer con la que le es infiel a Vanda. Ataduras es un derrrame continuo de intimidad sea cual sea el sentimiento que refleje.

Sí hay algo que me gustaría reseñar a pesar de haberme encantado el libro: cuando Aldo narra su punto de vista hay demasiadas evidencias sobre la perspectiva masculina de la historia. Teniendo en cuenta que el autor es un hombre no debería ser noticia, pero ese punto de vista, esos sentimientos a través de actos bastante reprochables como ser humano (que no como hombre en exclusiva, ojo) está demasiado justificado, es decir, hay un esfuerzo especial por invadirnos del sentimiento de Aldo, para que lo excusemos, mientras que Vanda queda más en una nebulosa histriónica y endemoniada. Es ficción, son emociones, pero igual habría que tener en cuenta ciertos clichés también cuando se inventan historias e ir cambiando posturas, que “haberlas haylas” de todo tipo en todo humano. No obstante está genialmente escrita, engancha y está llena de detalles aunque sin perderse en ellos. Es de lectura fácil, pero no insulsa. Tiene una escritura muy bella, merece la pena que la descubráis.