Miren la portada, observen esa manzana lustrosa, embaucadora, que casi tiene el poder de gritarnos que le hinquemos el diente. Algo parecido debía sentir Margot Wölk, la última catadora de Hitler que ha inspirado la novela de Postorino, cuando se sentaba delante de las viandas que calmarían tanta necesidad y que por otra parte, podrían llevarle al fin de todo. No debe haber mayor dilema personal que tener delante aquello que necesitas para sobrevivir sabiendo que también puede ser el responsable de tu muerte. ¿Qué opción tomarías? Tranquilos, estamos obligados a comer, que sea lo que el destino haya escrito.

La palabra “catadora” dice tanto y suena con tal determinación que poco hay que añadir si la unimos a Hitler y la SS. Es sabido que el Führer estaba obsesionado con su alimentación y no es para menos con los supuestos intentos de asesinato que le acechaban. Entre otros modos, creía que a través de comida envenenada acabarían con él. Estos hechos reales secundan La catadora, novela de ficción inspirada en la controvertida manera que tenía de evitar posibles envenenamientos: Un grupo de quince mujeres serían las responsables de comer por anticipado cualquier alimento que el Fürher se metiese en la boca. Ellas eran las catadoras de Hitler, mujeres que trabajaban (por decirlo de alguna manera) por el régimen y el endiosamiento de su líder, sin embargo mucho de oscuridad había en tal ocupación y demasiadas vidas en juego. Rosa es la protagonista, la narradora ambivalente que entre el miedo y la supervivencia nos hará vivir el momento de la comida con la ansiedad más temerosa que podamos imaginar.

Rosa Sauer, secretaria berlinesa, casada desde hace solo un año, se ve arrastrada a vivir con sus suegros cuando su marido marcha a la guerra y en la ciudad ya lo ha perdido todo. Entre las esperas insufribles de noticias, un día dos hombres de la SS la buscan para realizar un trabajo para el mismísimo Hitler, da igual si quiere hacerlo o no, está obligada cada día a subirse a un autobús con otras mujeres alemanas para comer un menú más traicionero que alentador entre tanta hambre. No hay más opción que digerir cada alimento y esperar una hora para evaluar si está envenenado o se han salvado en esa ocasión. El día siguiente el proceso volverá a ser el mismo, arriesgar su propia vida para salvar la de él. Día tras día se irán formando alianzas entre las mujeres, el paso del tiempo pondrá de su parte para que cada una de ellas continúe con su vida queriendo vivirlas entre tanta tristeza y pérdida. Se cruzarán amores y destinos inesperados mientras Rosa busca un destino que amortigüe su vacío.

No voy a entrar en el desarrollo de la novela, de primeras seguro que os pasa lo que a mí, es una historia muy atractiva, original, que al igual que el acierto de su portada (fantástica sin duda) se nos antoja leerla cuanto antes. Sin embargo esperaba mucho más de ella. No puedo decir que no sea entretenida, de lectura más que amena, pero creo que se columpia en un continuo quiero y no puedo, es decir, hay amagos de “ahora viene lo bueno, la parte magistral de la novela está a punto de llegar”, pero no llega. Ni en argumento ni en estilo. Vacila, da zarpazos en la trama que queriendo ser de una emoción desmedida no pasa de la epidermis. Creo que es de justicia decir que falta un puntito de conexión para que la novela sea tan redonda como la apetitosa manzana. No obstante, os la recomiendo, en serio. Es cosa mía que los aspavientos últimamente se me estén haciendo de rogar.